MÉXICO SE CUELA AL OLIMPO

Foto:MexSport

Agosto 11, 2012

Por Antonio Rosales /antonio.rosales@TiempodeFutbol.com

Twitter:@arosales8

Análisis

Londres 2012 (México 2-1 Brasil)

Fue en 30 segundos, pero duró un infinito. México se sublevó contra la nomenclatura del Futbol, que tiene a Brasil siempre, como el gran favorito. Aunque tenga un mundo sin haber conquistado si quiera, el trofeo de la Cajita Feliz. México negó a la legendaria Canarinha. A esa fabula monumental que enalteciera Pelé, Carlos Alberto, Ronaldo, Zico, Sócrates. Una generación única, sin complejos, descarada y talentosa; con un fervor competitivo extraordinario. De principio a fin, el  escuadrón de Luis Fernando Tena,  apostó por un rasgo diferenciador: Oribe Peralta, un guerrero del área que no cierra las bocas, las abre, desde el momento que entró a esta mítica capilla Sixtina del Futbol: Wembley.

Ni siquiera se había registrado el primer minuto de esta Batalla, cuando Oribe, sorprendió a todo el mundo. Más Veloz que Usain Bolt, El Cepillo disparó y México ya ganaba. Fue una conquista excepcional, un gol fabuloso, que tomó a Brasil por sorpresa y que convirtió la Final, en el partido más largo de la cultura mexicana. Faltaban 90 minutos más. ¡¡¡ Un mundo!!! Este México contradijo en todo momento  al Rey Brasil. Porque cuenta con un puñado de Hombres con un escudo y una lanza, unos caras pálidas que bajo esa apariencia frágil, compiten como fieras y ganan como nadie.

Una quijotesca aventura que arrancó en los Panamericanos de Guadalajara, que encontró el Santo Grial en Toulon y que descorchó en Wembley, ni más ni menos. En la Catedral de esta misa pagana. Es sin duda un viaje a Marte sin regreso, un volantazo a la afligida historia de las cavernas en donde se movía el futbol mexicano. No hubo más estrategia que la que brinda el Corazón, ese gigantesco depósito físico que tantas veces se agotó en los momentos sublimes. Brasil como nunca, entendió que su rival era superior. Nunca estuvo a su altura,  ni siquiera cuando Hulk, su gran hombre adelante, disparó y disparó 100 misiles a Corona. Dicen que la Crueldad de la derrota del perdedor viene marcada por el calibre del ganador. Ver llorar a los Brasileños, a su gran ícono Neymar, revalida, la gran hazaña mexicana.

México jugó el partido como se debía. No estaba el Tri para ejercicios de romanticismos, ni había tiempo para tomarse una foto, ni siquiera para pedir autógrafos. México impuso su mejor versión, ese guion que lo ha llevado a colarse entre la historia, no como un humilde del futbol, sino como un admirable salvaje. México se liberó con el primer gol, y los minutos de 60 segundos se convirtieron en angustiantes horas, sobre todo en el segundo tiempo. Se acabaron las uñas y las manos todos los testigos de esta batalla. Brasil se acercaba e inquietaba  por un lado y por otro y Corona, siempre Corona, humanizó al Scratch.

México no solo gana porque fue mejor y encontró al final, el segundo Bingo. Un cabezazo de Oribe, un martillazo  que simbolizó la bravura de los mexicanos. Un broche de oro, para un país que ha vivido siempre del dolor propio y de las glorias ajenas. El Gol del Hulk, fue simplemente, la medalla de Chocolate para Brasil. Hoy no hay máxima gloria que la propia, la que le otorga Londres a su gran Campeón, y a sus caídos: David Cabrera y Gio Dos Santos.

Sigue a Antonio Rosales en:

@arosales8

TIEMPODEFUTBOL

Back to top