Junio 4, 2012
Por Antonio Rosales/ redaccion@TiempodeFutbol.com
Twitter:@arosales8
Análisis
(2-0)
Cowboys Stadium. México está en el Olimpo, el Futbol no lo deprime, al contrario se recrea, cosmopolita al fin, el TRI es un aspirante real para el torneo que sea. Ya lo demostró en Toulon, en donde un grupo de Scouts comandaron la mejor cruzada de un equipo mexicano en Tierras Francesas y hoy lo confirmó la absoluta, ante Brasil en el Majestuoso Estadio de los Vaqueros. México un verdadero Cowboy de la Zona tiene fe, mucha fe, mientras que las Dudas se agigantan en la Canarinha, menos contundente de lo que acostumbra y con un Hulk testarudo con Torres Nilo e inestable con la pelota. México entonces tuvo futbol del bueno y del muy bueno. A partir de la Chistera de Gio Dos Santos, el Tri del Chepo jugó con un vigor extraordinario, sin conceder un respiro a su adversario, que se deslizó en el campo como un autentico aspirante de nada, en un paisaje lunar, con baches demasiado frecuentes, un ataque elitista, con Neymar como solista y un técnico, Mario Menezes, con aire desquiciado.
Fue sin duda el mejor episodio de está mini-gira, con muchos dólares y poco futbol, solo el que puso el Tri en cada exhibición: la defensa, muy lejos de Corona, nunca se agrietó, ni siquiera con el penal que no marcaron y que Neymar reclamó como si tratara de un partido de Mundial; los centrocampistas ocuparon como nunca los espacios y los dos atacantes jugaron con fuego en las pupilas. A Gio poco le importa mandar Currículos en la temporada regular, cuando juega con el TRI, se disfraza, es un Titán capaz de engullirse a Hulk o a Neymar con una gifantesca resolución. Velocista puro, el mexicano comandó la expedición y capitaneo el primer asalto mexicano. Dos Santos no es un jugador que cierra bocas, las abre con sus goles de bandera, lo supo Estados Unidos en la Copa de Oro, lo ratificó el Scratch en Dallas. Brasil ya no reaccionó, ante el depósito sentimental de Dos Santos. Y Javier Hernández finiquito el trámite con un soberbio misil de 11 pasos. Brasil jamás entendió su rol en la cancha, desnaturalizado, no tuvo tiempo para el futbol. Fin de la fiesta.
México fue capaz de imponer un voltaje imposible para su adversario, sobre todo cuando Gio y el Chicharito tocaron la corneta y la avanzada ya eran una conquista con la bandera en territorio enemigo. México fue un equipo huracanado, con sus líneas bien apretadas y los decibelios a todo volumen. México es un aspirante real, con una victoria bien merecida, quizá la más convincente después de la Copa de Oro. México vislumbra la eliminatoria. Con goles y fútbol se puede soñar.
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